Helena y su boda de cuento

Hoy en día las palabras matrimonio, boda o compromiso han cambiado totalmente de significado, al igual que la mentalidad de las parejas que deciden dar un paso más en su relación. Aunque hoy en día veamos con total normalidad el matrimonio de libre consentimiento, hace algún tiempo atrás no era así. Por fortuna la sociedad evoluciona y hoy en día, aunque se siguen manteniendo muchas costumbres y tradiciones en estos eventos, son el amor y la ilusión por compartirlo los protagonistas de ese día.

Lo que sí que no ha cambiado a lo largo de estos años, es el deseo de lucir la mejor versión de uno mismo y eso incluye a uno de los grandes elementos: el vestido.

Hoy os voy a hablar de Helena, una novia cuyo nombre evoca mitos y que tuvo su boda de cuento. La mayoría de las novias que acuden a mí, ya tienen una idea clara de al menos lo que no quieren llevar el día de su boda y en el caso de Helena esto era: vestidos con tejidos duros, faldas princesa, una larga cola, velos…Pero eso sí, había una cosa que sí que tenía clara: quería una espalda descubierta y un toque de encaje, aunque no sabía muy bien cómo ni donde.

Después de analizar la forma de su cuerpo con distintos vestidos de mis colecciones de novia, ver las caídas de los diferentes tejidos y hablar sobre diferentes ideas, surgió el diseño final: Un precioso vestido en encaje y gasa. Tal y como Helena me pidió, la gran protagonista era la espalda que estaba adornada con las ondas del encaje y una hilera de botones forrados.

La falda, realizada con tablas, tenía la ligereza y movimiento suficiente para que el vestido resultase ligero y cómodo. Además, al ser de gasa, no le aportaba volumen extra estilizando así las curvas naturales de su cuerpo.

La parte superior del cuerpo, realizada también en encaje, resaltaba su pecho con un escote cuadrado y que terminaba en corazón. Además los tirantes finos ponían toda la atención en la zona de los hombros favoreciendo aún más esta parte del cuerpo.

Ya os dije que Helena quería comodidad y eso no solo tiene que ver con el vestido, también con el calzado. Siempre que hablo sobre ello con mis novias, les aconsejo que a no ser que el zapato vaya a mostrarse expresamente, (ya sea porque hay una abertura, el vestido es corto, etc.), es mejor recurrir a la comodidad en un día en el que seguramente pasarás muchas horas de pie. Pensad que al final solo vais a mostrar la punta del zapato. Por esta razón, Helena escogió unas alpargatas básicas que customicé para que fuera a juego con el vestido: una solución muy práctica y a la que luego seguramente le dará más de un uso.

Las tradiciones cambian y evolucionan pero lo que está claro es que el vestido de novia siempre será el reflejo de la sociedad más actual y en estos momentos nos encontramos ante mujeres libres, independientes y que cada vez más luchan por deshacerse de los moldes establecidos. Mujeres únicas, mujeres Lorena Panea.

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