Viajes LP – Riviera Maya, en búsqueda del México más auténtico

Vídeo al completo del viaje en el canal de Youtube Lorena Panea: https://www.youtube.com/watch?v=IteaMCnY2sU

Suelo decir que mi moda siempre tiene investigación por detrás y mis viajes como trasfondo. Hace unos años empecé investigando a fondo movimientos culturales y antiguas civilizaciones, lo que culminó en mis colecciones Minoa (Fiesta 2015), Silvestre (Novias 2015), Transición (Fiesta 2016), Singular (Novias 2016) o Mediterráneo (Fiesta 2017) y en mis viajes a Italia, Francia, Grecia o incluso a los pequeños ibéricos y cartagineses por España y Portugal.

Aprovechando el parón del puente de la inmaculada y el hecho de que empezaría un frío invernal en España, decidí cogerme unas vacaciones de invierno en las playas del Caribe, pero en algún lugar con historia y en donde pudiese seguir profundizando sobre las civilizaciones antiguas.

Dicho esto, me pareció idóneo irme a México, más concretamente a la Riviera Maya en la península de Yucatán.

Como siempre defiendo y siendo fiel a mis valores, no me iba a ir a un sitio lleno de naturaleza y cultura para meterme en una zona llena de turistas, en un hotel de “todo incluido” y viviendo como una yuppie sin cualquier contacto con el exterior. El mundo ha cambiado, mi generación ya no se comporta de la misma forma que nuestros padres o abuelos y ahora nos toca mojarnos con nuestras opiniones, valores y estilo de vida.

Con mi viaje a la Riviera Maya aposté por respirar, ver y tocar su naturaleza, conocer la cultura local, comer la gastronomía de los pequeños restaurantes de pueblo, vivir unas vacaciones con un estilo de vida sostenible durante toda mi estancia y finalmente poder colaborar con el medio y ayudar quién lo más necesita – sobre esto ya os hablaré más adelante en mi canal de Youtube.

Ek Balam
Chichen Itzá
Tulum

La apuesta no pudo ser más acertada. Elegí quedarme en un glamping, un innovador concepto eco-chic en medio de la selva y en el cual todos los huéspedes se acomodan en acogedoras cabañas que, a pesar de mantener prácticamente todas las comodidades de un hotel, están hechas en madera, paja, sin construcciones invasivas, con agua a temperatura ambiente (aunque se puede pedir que se caliente el agua) y con energía autosuficiente.

Claro, se os puede colar alguna mariposa, algún lagarto o alguna araña dentro, pero no pasa nada, nada os hará daño. Igual algún jaguar o alguna boa si se cuelan, pero normalmente se asustan con la gente, por lo que será poco probable 😀

Me quedé muy cerca de Tulum y dejadme que os diga que Tulum es algo realmente especial.

Este verano ya había conocido a lo que yo llamo “uno de los paraísos en la Tierra” – el pueblo de Oia, en Santorini (Grecia) – pero no esperaba conocer otro antes de cerrar el año.

Oia, Santorini

Las playas de Tulum están rodeadas de parques naturales y se llenan de tortugas que van allí para nidificar. Sus ruinas son algunas de las más especiales e importantes en la cultura Maya y a pesar de que su costa tenga muchos hoteles y beach clubs, todos ellos son eco-friendly, sostenibles y a partir de 300€-400€ la noche – todas ellas razones para ahuyentar al turismo de masas.

Además, la tiendas que ofrece Tulum no son cualquier cosa… Pero este tema dejaré para uno de mis próximos videos y posts cuando os presente mi guía de comprar por la Riviera Maya.

Y cómo si fuera poco, Tulum es “solamente” la entrada de uno de los parques naturales más increíbles que vi en mi vida: Sian Ka’an, lo que en la lengua Maya significa “Puerta del Cielo”.

Pero no os quedéis por aquí. La naturaleza de la Riviera Maya parece infinita (de hecho creo que acoge al 10% de las especies que hay en el mundo) y me cogí un coche durante 4 horas para ver algo que pensaba que jamás vería en mi vida: aguas rosadas y amarillas, con preciosos flamencos caminando sobre ellas.

Tranquilos, porque no son aguas contaminadas por los tintes textiles como en China o Bangladesh sino que tienen este color por exceso de sal y microorganismos rojos.

Al lado está también Rio Lagarto (su nombre viene por los cocodrilos que allí viven…) que es también muy especial y además ya no da al Mar del Caribe sino al Golfo de México, por si os pica la curiosidad de ver otra región de México.

Eso sí, por el camino os vais a cruzar con selva y fantásticos pueblos locales – lo que era otro de mis grandes objetivos con el viaje, saber como piensa y vive la gente de allí.

El sueldo mínimo allí son 50 pesos mexicanos al día, lo equivalente a aproximadamente 2,5 EUR diarios (o 50-100 euros por mes, según lo que trabajes), y que además es lo que recibe la gran mayoría de la gente. Hablé con gente que había estudiado más de una carrera, tenía incluso 3 trabajos y sin embargo nunca habían salido de su región. A esto hay que añadir que solo tienen derecho a 6 días de vacaciones, por cada año trabajado.

Estuve en pueblos a los que no llegaba la electricidad y se suministraban con un generador que solo se encendía 2 o 3 veces al día, o solo comunicados con el exterior a través de una carretera de tierra y piedras llena de agujeros y por la cuál se tarda más de 2 horas.

Gente pedaleando o caminando kms, cargados con sacos de leña o comida para vender en pueblos cercanos. Casas a medio construir porque se van haciendo poco a poco, cuando vayan teniendo dinero.

Sin embargo, toda la gente que conocí allí (absolutamente toda) estaba perfectamente concienciada en la necesidad de preservar su medio y biosfera, tratar el turismo de la mejor forma posible y moralmente por encima de mucha gente con quién hablo en las sociedades ricas.

Mientras, en el “primer mundo” vive una sociedad obsesiva con llenar armarios de ropa barata, pagar hipotecas de 800 EUR al mes durante el resto de nuestras vidas para comprar pisos enanos en el centro de la ciudad, o (parafraseando a Tyler de Fight Club) andar corriendo para llegar a “trabajos odiosos y conseguir dinero para comprar mierda que no necesitamos”.

Como decía Cervantes, “el que anda mucho, ve mucho y sabe mucho” y realmente vi mucho con mis propios ojos… Sin embargo, cuanto más viajo, menos entiendo este mundo.

Lorena Panea

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